
Nada nuevo. Ninguna sorpresa. Ningún norte. Más aburrido que nunca. O sea, estamos hablando de la presentación de Velásquez Quesquén ante el Congreso. Bueno, sí, ha quedado claro algo. Que van a gastar. Pero como dice hoy Carlos Adrianzén, consultado por El Comercio, “nunca ningún país se ha desarrollado en base al gasto público (…) pero parece que en el gobierno piensan que es la única manera de pasar y salir airoso del actual escenario de crisis internacional porque, además, están asumiendo que será de corta duración, cuando no lo será necesariamente (…) se apunta a una receta que funcionó cuando las vacas estaban gordas, pero que es inadecuada para cuando están flacas (…), se deben tomar decisiones de reforma, que serán feas e impopulares, porque implican sacrificios tributarios y permitir el despido para mejorar la competitividad”.
Pero ya sabemos que en el Apra la palabra “reforma” no existe o es, simplemente, ininteligible. Para los compañeros ello significa crear más instituciones y copar las que ya hay.
En fin. Como dijo Marx (Groucho, no Karl): “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.