Entrevista a Mario Bellatin

Tomado de la revista Ñ.- Sus textos son como plantas carnívoras: hipnóticos y extraños. Pulidos y perturbadores. Tan poco convencionales como el personaje público que es Mario Bellatin, escritor mexicano que pasó gran parte de su vida literaria en Perú y fundó en México la Escuela Dinámica de Escritores. Textos que presentan una realidad extrañada, en los que el cuerpo y sus anomalías son una presencia. Abundan en ellos los guiños autobiográficos ya que a Mario Bellatin le falta, precisamente, parte del brazo derecho, dato que, lejos de disimular, pone en evidencia con prótesis elaboradas.

Pero más allá de la anécdota, la literatura de Bellatin es fruto de una aguda reflexión que indaga en las fronteras de las artes. Clarín lo entrevistó antes de su viaje a Buenos Aires, donde el sábado dictará, en el Malba, el seminario "Laboratorio Bellatin", cuyo resultado será la escritura colectiva de un libro.

¿Se puede enseñar a escribir?

No lo creo. Habría primero que definir qué es escribir. A partir de mi experiencia puedo decir que de haber tomado de manera racional la decisión de ser escritor me sentiría como un verdadero tonto. Escribo porque debo hacerlo, y siento que si llegara a preguntarme profundamente por aquella acción se derrumbaría todo.

La plástica tiene una presencia enigmática en su obra. También la fotografía y el teatro. ¿Cómo integra otras artes en su poética?

Considero que no hay otras artes. Parto de la idea, un tanto descabellada, de que todo es escritura, por esa razón no veo la diferencia de fondo que puede haber entre una disciplina y otra.

Parece insoslayable el tema de su brazo faltante, como en la escena en que tira la prótesis al Ganges en "El gran vidrio". ¿Qué relación hay entre esa falta y su actividad artística?

Ninguna. O sí, una relación de engaño, de falsa inocencia más bien. Al hacer más evidente el accidente, creo lograr un determinado mecanismo de seducción que me permite hacer pasar la mentira por verdad y viceversa. ¿Quién sabe si en realidad arrojé el brazo "biónico" al Ganges? O que cuando era niño -escena presente en "La Escuela del dolor humano de Sechuán"- desapareció, en una fiesta infantil, la pequeña mano que usaba entonces, arruinando de ese modo el cumpleaños del festejado, quien me odió desde el primer momento porque me vio entrar en su casa sin el regalo que el tacaño de mi padre se negó a comprar. ¿Qué parte de la secuencia sucedió? Ni siquiera yo estoy seguro, pero ¿importa saberlo?

¿La construcción de su figura pública, que pone en primer plano esta circunstancia de su cuerpo, es también parte de su obra? ¿Ser escritor implica también construir esa imagen?

No, al contrario, lo que yo deseo es que por sobresaturación desaparezca de manera definitiva la figura del autor. Que el escritor se muestre tan estragado de sí mismo, que el texto que tiene a su lado adquiera una extraña autonomía.

Acaban de reeditar "Salón de belleza", uno de sus primeros textos. ¿Ha cambiado su escritura o se reconoce en ese relato?

Hubo un quiebre definitivo en mi escritura cuando ingresé a una orden sufí. Antes tenía más miedos, estaba más obsesionado por estar y no estar dentro de la norma. Mi experiencia como sufí me enseñó a desconfiar de los límites, así como de las razones que aparecen como producto de un ejercicio racional.

¿Podría anticipar algo de sus textos en ejecución?

Hago ahora un libro largo que se conforma por nuevas versiones de textos ya escritos. Se llama "Mendicidad: pequeña muestra del vicio en el que caigo todos los días", que aparecerá primero traducido al francés, para luego ser traducido de vuelta al castellano. Esta forma de destilación de la escritura me permitirá leerme a mí mismo como si fuera otro, aspiración suprema de cualquier escritor.