La soledad, ¿pandemia del siglo XXI?

Publicado: 28 septiembre, 2009

Tomado de El Tiempo.- La red está supliendo la necesidad de compañía en medio de las muchedumbres. En todos los estratos sociales y, por diferentes razones, la crianza es un proceso solitario, sobre todo para niños pequeños. Muchos enfrentan problemas de depresión en la primera infancia debido precisamente a la soledad.

Hace más de un siglo el escritor y político húngaro Imre Madách decía que si alguien buscaba la soledad la podría encontrar en medio de los hombres. La obra fundamental de Madách fue el poema dramático 'La tragedia del hombre' (1861), que aborda desastres humanos similares a los del 'Fausto' de Goethe o el 'Paraíso perdido' de Milton.

La soledad de la que hablaba Madách tal vez ha existido siempre pero, hasta mediados del siglo pasado, era sobre todo femenina. Popularmente se creía que sólo la padecían mujeres solteronas o viudas. Pero, desde finales del siglo XX, las ciudades de todo el mundo comenzaron a llenarse de solitarios de todos los sexos y el 'contacto físico' se redujo al Internet.

Las relaciones empezaron a limitarse a ese 'contacto', incluso en las oficinas donde, en muchas ocasiones, las personas solo estaban separadas por menos de dos metros de distancia. Lo mismo principió a pasar con las aproximaciones amorosas. Los novios comenzaron a 'hablarse' o a enamorarse por mail y a compartir sus alegrías con los amigos por facebook. La tecnología alteró las relaciones sociales en todas partes del planeta.

Hoy la soledad es como una especie de pandemia del espíritu del siglo XXI, que crece, afecta a todos y tiene el mismo olor y sabor en todas las grandes ciudades. Desde Nueva York a París, pasando por Madrid, São Paulo o Bogotá, el hombre está cada vez más sólo, admiten investigadores consultados por LECTURAS.

Según ellos, el ser humano es cada vez más individualista. "Se comunica menos consigo mismo y con los demás. Cada vez hay más gente en el planeta, pero cada vez estamos más solos", dice la psicopedagoga Silvia Cuéllar, experta en primera infancia.

En su opinión, la soledad del hombre contemporáneo no exime a nadie. "Los niños crecen en soledad, que convive irónicamente con los avances más sofisticados de la tecnología. En todos los estratos sociales y, por diferentes razones, la crianza es un proceso solitario, sobre todo para niños pequeños. Muchos enfrentan problemas de depresión en la primera infancia debido precisamente a la soledad. Durante los últimos 30 años se registraron cambios sensibles sobre cómo proteger la vida. Pero, pese a los avances de las investigaciones socioculturales, parecería que los seres humanos buscáramos banalizar lo más importante en detrimento del amor por el dinero. En consecuencia, los niños, que necesitan del buen trato del adulto, se quedan como una última prioridad. Una de las consecuencias más funestas de eso es la soledad con la que crecen".

Desde finales del siglo XX, es cada vez más frecuente encontrar a hombres y mujeres, independientemente de su edad, que se quejan de soledad, aunque vivan acompañados, pero muchos viven solos en pequeños apartaestudios.

Pese a eso, la soledad continúa atrayendo a los jóvenes porque es como un oasis que les hace deleitarse con la posibilidad de cero normas, libertad total e independencia absoluta, entre otras cosas. No obstante, "eso es como un dulce en la puerta de una escuela. Se acaba rápido, viene el cotidiano, las depresiones y hasta los intentos de suicidio", afirma la psicóloga Tatiana Vidal, de la Universidad de los Andes.

"Estamos tratando de ajustarnos a los cambios que se han producido en la sociedad pero aún improvisamos. Nos movemos como podemos y, hasta ahora, no sabemos con precisión cómo enfrentar la velocidad con que se han producido todas esas transformaciones sociales que están afectando nuestro cotidiano más personal e íntimo".

Sostiene que "además de individualista, el actual ser humano se aisla más porque tiene más miedo de amar, no quiere ser herido y porque sabe bien que todo cambió. La familia se atomizó y la sociedad se transformó en todos los aspectos. Muchos padres faltaron a la promesa de permanecer unidos "hasta que la muerte los separe", comenzaron a divorciarse con frecuencia o simplemente les dieron prioridad a sus asuntos. Los abuelos ya no mueren en sus casas sino en centros de tercera edad, los jóvenes se van más temprano del hogar y las relaciones laborales se volvieron más ásperas, duras, impersonales e inestables".

Como la psicóloga Vidal otros investigadores se preocupan también por el tipo de sociedad que conformarán personas levantadas bajo el imperio del hiperindividualismo, egoísmo y cero solidaridad, pero otros no pierden la esperanza y aguardan que la misma sociedad se ajuste a los drásticos cambios registrados en el último medio siglo en todo el mundo.

La soledad es considerada por muchos como una especie de pandemia propia de este siglo. Para otros, solo una señal del tiempo, opción individual o como la evidencia más puntual de que, como los dinosaurios del minicuento de Monterroso, cuando la soledad se despertó todavía estaba allí. Eso pensaba, por ejemplo, el fallecido escritor y periodista Antonio Cruz Cárdenas, quien recordaba poco antes de morir el poema 'Solo', de Alberto Ángel Montoya (1903-1971): Solo como el silencio de una vasta llanura / por donde nadie pasa.../ solo como yo mismo. Y yo no sé de nadie / que como yo en el mundo haya estado tan solo. / Hoy me he quedado solo. Humanamente solo...

"En tiempos del poeta capitalino no existían ni computadores, ni Internet, ni nada por el estilo. No había asideros ni pretextos para quien decía que se sentía solo. Pero la soledad estaba ahí, para quien quisiera mostrarla.

¿Búsqueda de compañía? ¿Invitación para ocupar ese sitio vacío o para alejarse de ese alguien que desea refugiarse en su 'desierto'?, se preguntaba Cruz. Y añadía: "La soledad siempre ha estado allí. El computador, Internet u otras formas de comunicación no son sino pretextos de alguien que está solo o que dice estarlo. No pocos de los exhibicionistas del desarraigo subrayan su incomunicación con el uso permanente del computador y de Internet, que pueden ser otras formas de ocupar su soledad. Pero no es que esos modernos intercomunicadores la produzcan".

No obstante hay registros contemporáneos sobre la soledad que sienten los jóvenes. 'La soledad de los números primos', por ejemplo, novela del joven escritor italiano Paolo Giordano, traducida a 23 idiomas, vendió más de 1 millón de ejemplares y se presentó en la reciente Feria del libro de Bogotá, habla precisamente de eso: de la soledad de un par de niños y adolescentes que, al llegar a la edad adulta, no superaron lo que el autor llama los "agujeros negros" de la infancia ni, tampoco, la soledad que eso les produjo.

Damian Vayssettes, francés, 20 años, estudiante de intercambio de ingeniería de la Universidad de los Andes, confiesa que le teme a la soledad y admite que el 'contacto físico' entre las personas de su generación se hace cada vez más por la Red pero, sin embargo, dice que no cree que la soledad deba ser considerada como una especie de pandemia del siglo XXI. "Tal vez es una tendencia. Hay personas que no se sienten solas sino que, simplemente, optaron por la soledad porque creen sentirse más seguras, protegidas y hasta la disfrutan". En Brasil, donde se considera que la gente es más comunicativa, más abierta, menos complicada, la soledad también crece en las grandes ciudades. "A veces siento como si se hubiera abierto un hueco en la mitad del mundo y en el fondo la soledad me esté esperando con sus mandíbulas abiertas, lista para devorarme", dice en una entrevista virtual con Lecturas desde São Paulo la comunicadora Ana Brito, de 24 años. "Hago mi cotidiano como todo el mundo, pero me siento sola muchas veces y sobre todo mantengo diálogos de horas con mis amigos por Internet o me entero de sus vidas por el facebook. No sé qué sería de mí si no tuviera un computador y la conexión con la Red. Creo que me enfermaría y moriría".

Pero Anna Verónica Mautner, psicoanalista de la sociedad brasileña de psicoanálisis y columnista del diario Folha de São Paulo, sostiene que aunque "los procesos tecnológicos y científicos están hoy dirigidos a que las personas cambien informaciones y noticias, sin que se necesite un encuentro cara a cara, los adelantos de la tecnología no son tan malos para la vida y las relaciones, como algunos piensan". En su opinión, antes una aproximación a distancia sólo era posible por carta. "Hoy con Internet existen innumerables recursos para comunicarle al otro lo que deseamos. La comunicación virtual volvió más próximos a los distantes", sostuvo en entrevista telefónica con Lecturas.

Pero se pregunta, "¿será que es verdad? Durante una época se eliminó el gesto en las comunicaciones satelitales pero ahora contamos con Skype y el gesto regresa con una webcam colocada en un extremo de la tela del computador. La gente se enamora, hace reuniones científicas y empresariales en tiempo real. ¿Será que eso es lo mismo a un encuentro cara a cara? No lo es, pero es más que suficiente en muchos casos".

Para ella, "la soledad no es la principal pandemia del siglo XXI. Lo que está sucediendo es una reestructuración del tejido social. No es más hombre con hombre, mujer con mujer y en cambio sí joven, adulto y anciano, cada uno sumergido en su temporalidad.

Cabría a la sociedad incentivar los espacios donde esa integración intergeneracional pueda ocurrir. Aparentemente el conflicto de generación desaparece por falta de encuentro porque cada grupo tiene una vida diferente a la del otro. Afirmar que eso genera una sensación de soledad es un gusto o tendencia por superestimar el pasado. Hoy existen comunidades propias para cada faja de edad y lo que hace falta es la oportunidad de mezclar las experiencias que vive cada una.

Los jóvenes dominan la tecnología, los adultos jóvenes o de media edad conocen las marañas del universo institucional y los ancianos disfrutan de una comunidad de distracción, entretenimientos y placeres, no muy diferente al de los jóvenes. La diferencia está en que niños y jóvenes se ejercitan para el futuro y el anciano vive su presente, aunque vivir el presente, aquí y ahora, es lo que hasta está de moda".

La reflexión sobre la soledad contemporánea está sobre el tapete. Víctor Hugo decía que todo el infierno estaba en la palabra soledad, la actriz española Carmen Maura la considera como una conquista y el escritor norteamericano Jerzy Kosisky como una realidad.

¿Cómo la define usted?

Por: Gloria Helena Rey