
Tomado de Perú21.- Columna El ojo de Mordor, de Pedro Salinas: 30/11/09.- Ruido. Ruido chirriante. Ruido estridente. Ruido gutural. Es lo que nos ha tocado la última semana y media, en la que hemos tenido que aguantar a un Alan García revirado y nacionalista, de un lado, y soportar las arrogancias afrentosas de muchos chilenos, de otro. García, ávido de levantar sus índices de aceptación, decidió utilizar políticamente el caso Ariza, el caso del espía al servicio secreto de la Bachelet, como si el camino de vuelta hacia la popularidad pasara por encarnar a un caudillo insensato y lenguaraz, vomitador de frases injuriosas frente a un vecino soberbio y con ínfulas hasta las cachas, provocando a más no poder, estirando la pita hasta el límite. Y en un país en el que, cada vez con mayor recurrencia, únicamente se habla de la venalidad de congresistas, de la corrupción de miembros del partido de gobierno, en un país como este, decía, fomentar reyertas y circo es, ya sabemos, una fórmula infalible para la distracción.
La cosa arrancó, recordemos, cuando el Pentágono reveló la compra de radares y misiles por parte de la administración chilena. Ahí nomás se filtró el caso del espía, del que García ya tenía conocimiento. Y, en lugar de procurar manejar la situación a través de los cauces diplomáticos, con prudencia, con cautela, el capitoste aprista, nuestro duce atocinado, luego de precipitar su alharacoso regreso desde Singapur, decidió politizar el asunto y sacarle tajada. Convocó a los principales líderes políticos, a los que alimentó con toda la chismografía del espionaje ampayado, para finalmente conseguir una suerte de cierrafilas detrás de él, que le permitió continuar en su escalada contra Chile.
Por su parte, la altivez y petulancia de las autoridades chilenas, que pretendían negar lo evidente, abonaron el camino de García. Y de qué manera. Nuestro caporal de verbo mesiánico hasta se dio el lujo de embestir, chasqueando su lengua bífida y afilada. “Republiqueta”. “Envidiosos”. “Débiles”. Les dijo. E incendió la pampa al otro lado. Los blogs reventaron en insultos antiperuanos, y nos dijeron de todo. “Cholos”. “Acomplejados”. “País sucio”. “Todo es un montaje”. “Un tongo”. “Una farsa”. “Mano dura con ellos”. “Cortemos relaciones de una vez”. “Muertos de hambre”. “Weones cagados”. “Indios culiaos”. “Vamos a la guerra al tiro”. “Peruanitos malagradecidos”. “Vamos a dejarlos como chaleco de mono”. “El Perú vale callampa (que no vale nada, o sea)”. “Auquénidos metamorfoseados que aprendieron a hablar”. “Rascas (feos, ordinarios)”. “Hediondos”. “Pobres diablos”. “Giles”. “Amargados”. “País absurdo”. “Tercermundistas”. “Traumados”. “Tomemos Lima de nuevo”. “Vecinitos de cuarta y de indiosincracia corrupta”. “Cerremos la frontera y expulsemos a todos los cholos que viven aquí”. Y cosas así. Pero por kilos. Kilos de racismo. Kilos de frases afiebradas y envenenadas. Kilos de altanería, desprecio, y, fundamentalmente, odio. Un odio acendrado, atávico, contenido, visceral. Como el que, dicho sea de paso, también existe en estas tierras hacia ellos, aunque no tanto como ellos imaginan.
Quiero creer que la mayoría de estos denuestos fueron proferidos por un sector cuasi analfabeto y poco informado de la población chilena. De hecho, la ortografía de origen modesto les delata, pues abundan palabras como “farza”, “tibiesa”, “pécimo”, “intensiones”, y por el estilo. En consecuencia, no voy a generalizar porque ello sería caer en el mismo nacionalismo rancio y el patrioterismo estéril tan en boga hoy en ambos países.
Como sea, y en resumen, nuestro perito en demagogia, cultivador de actos insensatos y usurero de lo traslúcido, que organiza en la sombra marchas antichilenas mientras que a la par se descubre que el Perú no ha dejado de comprar armas, nos ha llevado a una situación en la que se le ha cedido nuevamente el terreno a las ideas nacionalistas y a sus vetustos conceptos, como aquel de “la seguridad nacional”, “sectores estratégicos”, “restricciones al capital extranjero”, y esas cosas; y ha conseguido que, otra vez, traficantes de armas y militares coimeros se froten las manos; y que Ollanta Humala y el sector recalcitrante que representa, den un respingo y pongan caras de zombis resucitados. Así que, en lo que a mí se refiere, Alan y la Bachelet, y todos sus guerreristas, pueden meterse sus escaramuzas y sus refriegas donde mejor les quepa. Total, por lo que se ve, aquí y allá, ser cínico, irresponsable y obtuso son cosas que se pueden dar al mismo tiempo y como si fuera lo más normal del mundo. Pues eso.