
Tomado de Perú21.- Columna El ojo de Mordor, de Pedro Salinas.- 1/11/09.- Pudo haber sido uno de esos momentos reivindicativos. Pudo haber sido un instante Kodak. Pudo haber sido, incluso, hasta una ocasión histórica. Pudo haber sido, vamos, la oportunidad para que alias ‘Comepollo’, alias ‘Mataperro’, alias ‘Lavapiés’, alias ‘Osopanda’, o alias ‘Congreso’ (que es como se conoce a La Guarida de la banda), dejen atrás los remoquetes para que, aunque sea por un breve plazo, sintonicen con la opinión pública. Pero no. Los bodrios infumables, alias ‘legisladores’, decidieron votar contra una demanda ciudadana (86% de los encuestados está a favor, según la última encuesta nacional de Ipsos Apoyo) y enviaron al tacho la posibilidad de instaurar el voto libre en el Perú.
Es que estos parlamentarios que tenemos son como los gérmenes y pretenden no abandonarnos nunca. Y en esta ocasión, todos, con excepción del Apra, se aliaron contra nuestro libre albedrío, y no dramatizo. Así, en este afán por hacernos más infelices, con el entusiasmo del obrero de Village People cantando YMCA, los alias ‘congresistas’ desarrollaron una serie de argumentos poco porosos y con sabor a coartada, de esos que producen otitis al escucharlos. Uno de ellos, regurgitado por Raúl Castro Stagnaro, representante de los inquilinos de Altamira, sostenía que “nuestro país no está preparado para ese cambio, que mientras las condiciones de madurez democrática no estén dadas, el voto debe ser obligatorio”. Otro, con alma de bolero, que grita por las axilas y se le entiende todo porque no dice nada, añadía que ello podría suscitar un preocupante ausentismo y “pondría en tela de juicio la representatividad de las autoridades electas”. Y en ese plan.
Entonces, uno vuelve a colegir, por enésima vez, que en este Perú de juguete nada ha cambiado, que la política sigue siendo una sesión continua de cine, donde siempre nos ponen El Exorcista, porque, salvo Mauricio Mulder, nadie fue capaz de explicarle a estos pinochos apolillados que, en efecto, una de las consecuencias inevitables del voto facultativo será el alto nivel de ausentismo, pero que ello no significará el debilitamiento del sistema, sino su fortalecimiento cualitativo. Es lo que ocurre en varios países europeos. Como España o Francia, verbigracia, donde las abstenciones llegan al 70%. Sí, setenta por ciento. O sea, más de la mitad de esos electores, españoles y franceses, se muestran perezosos en hacer uso de su derecho a elegir, o les da igual, o prefieren que otros decidan por ellos, porque ese también es un derecho, ¿no? Y nadie cuestiona la legitimidad de dichos resultados. Nadie. ¿Por qué? Porque son conscientes, como dijo Víctor Hugo, de que todo lo que aumenta la libertad aumenta la responsabilidad.
Pero acá es totalmente al revés. Lo que debería ser un derecho pleno es tildado de “peligroso”. Lo que podría ser un instrumento que nos libere de políticos que solo tienen ojos para la caja registradora, es vetado por unas criaturas que llevan sonrisas pícaras en el rostro como si fuesen tatuajes de presidiario. Lo que aparece como una solución para librarnos de tantos politicastros grises e insignificantes, de a sol el kilo, es guillotinado por verdugos cuya sensibilidad es tan inubicable como el punto G de las ballenas.
Qué más les puedo decir. Que cuando pasan estas cosas, solo nos enfrentamos a la terrible sensación de que en realidad únicamente nos cambiaron de celda, y seguimos secuestrados, en calidad de rehenes, por una panda de fantoches y hematófagos sin entrañas, donde la única manera de llegarle al corazón a un congresista es clavándole una estaca. Porque si el voto fuese libre y voluntario, y no coactivo como es ahora, cada cédula de votación sería más poderosa que una bala dum-dum, y nuestra democracia se consolidaría; y el Parlamento no sería el reality show que padecemos hoy, en el que se camufla la cicatería con la demagogia.
Lo peor es que hay algunos pocos ciudadanos que se han creído el cuento, y piensan que el voto voluntario “solo favorecería al Apra”, y no quieren ver que una medida así adecentaría la política peruana y empujaría a TODOS los partidos a organizarse mejor, para fortalecerse, para tomar contacto con sus votantes, que no es moco de pavo, oiga.
Como sea. Ahora no queda sino esperar que la iniciativa de convocar a un referéndum tome viada y rinda sus frutos, pese a la oposición de esa bazofia reaccionaria que habita en la leonera de Abancay. A todo esto, ¿dónde firmo?