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Nota publicada en el diario Correo

Cambio de palabras

Dice César Lévano, sin equivocarse ni exagerar un ápice, que Cambio de palabras, el libro que acaba de reeditar César Hildebrandt con los infatigables loretanos de Tierra Nueva, “es una verdadera joya del periodismo peruano, la conjunción de la verdad y la belleza”. Y lo es.

Lo era ya antes de esta segunda edición, corregida y aumentada, cuando el libro se había convertido casi, casi en un libro de culto, pues éste, como uno de esos agujeros negros descubiertos por Stephen Hawking, absorbe y contiene en estado de animación suspendida una época que pasó, y, de paso, refleja como un espejo el pensamiento de personajes que se extrañan porque no han dejado legado. En ese sentido, Cambio de palabras, como advierte el propio Hildebrandt, es como un panteón de próceres, una suerte de libro-mausoleo. Algo así como una güija que nos contacta con otra dimensión en la que los políticos tenían filo, cultura y empaque. O al revés. No como ahora, que vivimos tiempos de veda en lo que a lumbrera y decencia se refiere, y, por cierto, sobreabundan los chaqueteros de chirigota y olor a fritanga, los mataperros salidos del bar de Moe.

Ahora bien, Cambio de palabras no es únicamente un desfile de personalidades notables que se extrañan, sino un manual sobre técnicas de entrevista, del que se pueden extraer lecciones de periodismo, de periodismo del bueno, de ese de raza y nervio. Por si fuera poco, esta edición recargada de Cambio de palabras nos regala, a manera de coda, unas imperdibles reflexiones de César Hildebrandt sobre el oficio.

Pero volviendo a las entrevistas, que de eso trata este libro, volviendo a ellas, decía, vamos a encontrarnos con batallas incruentas, con danzas con lobos, con discusiones intelectuales, con interiores escarbados, con secretos desentrañados, con enfrentamientos airados, con calateos profesionales, con retratos vívidos, con políticos y escritores que empiezan como huesos duros de roer y terminan como perros peruanos, con piezas periodísticas que se leen como piezas literarias. Que algo de eso, y más, contiene Cambio de palabras. Pues eso.

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