¿El Perú avanza?

Publicado: 2010-11-28

Tomado de Perú21.- Columna El ojo de Mordor, de Pedro Salinas.- Perú.21 le pegó un periodicazo a Fernando Barrios en la cresta, y chau ministerio. No era para menos. La denuncia con ribetes demoledores debió dejar pálido al ministro bigotudo que fue cogiendo un aspecto de charro mejicano durante su paso por la cartera del Interior. Según este diario, Barrios fue liquidado con más de 190 mil soles por concepto de beneficios sociales tras su paso como presidente de Essalud, como si un funcionario en un cargo de confianza pudiera aspirar a una compensación, tal cual explicó Fritz Du Bois aquí mismo. De esa cantidad, además, se levantó 90 mil soles bajo la figura de “indemnización por despido arbitrario”. Más todavía. En su descargo, el fulano replicó en RPP muy campante y soltó esta patochada: “Fue un descuido”.

Vaya por Dios. Si eso no se llama cuajo, díganme qué cosa lo es. Encima, al aprista de marras, las acuciosas investigadoras de IDL-Reporteros, rebotadas por Diario16, le han ampayado otros negocitos con sabor a choncholí que han engrosado las arcas del susodicho y ampliado su sonrisa a lo José Alfredo Jiménez. Qué cosas.

Una perlota más de este gobierno. Y no me vengan con que el Perú avanza y estamos creciendo y que somos el país con la menor inflación y la pobreza se redujo y nadie nos para. Porque, vamos, a ver si nos entendemos. Si los ciegos no se han dado cuenta todavía, un ministro no define a un gobierno, sino el conjunto de él. Y si hacemos cálculos y ponderamos el promedio de escándalos con los que nos ha regalado este régimen, en apenas un lustro, podemos inferir que no es uno que pueda participar en un campeonato de integridad, de decoro, o algo así. No sé si me explico.

Y ya ven. De qué coño nos sirven números azules en la economía si en materia institucional no progresamos un ápice, o un rábano; o si la educación pública sigue siendo, con perdón, una buena mierda; o si la justicia tarda o nunca llega, o solo sirve para aplicársela a los adversarios o para amedrentar periodistas; o si la inclusión es apenas un mal chiste; o si los programas sociales son un cuento; o si lo único que parimos como país son políticos sacamantecas o funcionarios tan mediocres, que de gris no pasan; o si la corrupción no solo avanza, sino ataranta, y hasta apabulla, oigan; o si la seguridad ciudadana es con las justas un terminacho hueco, que suena más falso que el Iscariote.

Porque si en un ámbito no hemos avanzado ni un milímetro, ha sido en el campo de la seguridad ciudadana. Al revés. Hemos retrocedido a lo bestia. Basta revisar la última encuesta sobre Cultura Política y Democracia: Barómetro de las Américas. Este año el país se coloca en el primer lugar de inseguridad ciudadana y de delincuencia, entre 25 países. Primer lugar. Ni más ni menos. Por encima de Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y México, entre otros. Y ello gracias a la incompetencia del gobierno de Alan García, o como se llame el descacharre de esta administración, que, para colmo, tiene la pretensión de retornar en el 2016, sin darse cuenta de que para gobernar otra vez el Perú, tiene que haber un Perú. Y como están las cosas, entre los marcas y la expansión de los cárteles del narcotráfico, eso está todavía por verse.

Llueve sobre mojado, claro, pero hasta que no tengamos un gobierno infinitamente superior al presente –que para algunos habrá sido completamente aceptable y para otros completamente mediocre, o acaso completamente malo–, pues habrá que andar por la vida agazapados en el camino. Digo. Para poner las cosas en su sitio. Que en esas andamos. El próximo presidente debe darse cuenta de que las cosas ya pasaron de castaño oscuro y tiene que afrontar seriamente la lacra de la corrupción y la reforma de la seguridad ciudadana (y de paso, la jurídica), pues mientras eso no ocurra, como ha dicho Alfredo Torres en su libro Opinión pública 1921-2021, “continuará la desconfianza ciudadana, se incrementará la violencia, se frenará la inversión y aumentará el atractivo de caudillos autoritarios que ofrezcan poner orden”. Pues eso.