es constitucional, no confundas

Ola de miedo

Publicado: 2011-03-12

Tomado de Perú21.- Columna de Patricia del Río.- El miedo y el pavor no distinguen razas, ni culturas. No importa cuán estoicos consideremos a los japoneses, ni cuán preparados estén para los terremotos; las imágenes que vemos en youtube, en las páginas webs y en las redes sociales nos remiten a lo mismo: al pánico. Al terror de un hombre que no puede mantenerse en pie. Al desconcierto de una mujer que observa cómo se tambalea un enorme rascacielos. Al susto de un anciano que está seguro que de esta no se salva.

Los japoneses han ensayado toda su vida para enfrentar desgracias, por eso el orden y la calma han predominado en momentos de absoluta locura. Sin embargo, cuando la tierra tiembla con tremenda furia y el mar se convierte en un puñado de agua que se desborda como si no existieran los litorales, todos recordamos que somos pequeños. Que somos insignificantes. Que solo ocupamos, pero nunca dominaremos, este planeta al que insistimos en tratar tan mal.

Tal vez una de las peores consecuencias del subdesarollo en el que vivimos no sea la ignorancia, sino la insolencia. Pienso en Japón y no puedo dejar de evocar la humildad con que esa cultura ocupa el endemoniado territorio que le ha tocado habitar. Japón invierte el 3.6% de su PBI en investigación y desarrollo. Buena parte de esa tecnología está destinada a hacer estructuras más seguras, edificios más resistentes. Tienen además una cultura de la prevención que atraviesa todos los niveles de la sociedad. Es verdad que están viviendo una tragedia gigantesca, y que los muertos se cuentan por miles. Pero si no existiera toda esta preparación de la que hemos sido testigos (increíble ver cómo se han mantenido en pie los rascacielos) habría muchísimas más víctimas que lamentar.

Por casa, en cambio, seguimos actuando con soberbia. Con insolencia. Con la estúpida convicción de que el terremoto va a ocurrir siempre al otro lado del mundo. Como si no existiera Chile, como si no hubiéramos vivido lo de Pisco. De acuerdo con el Atlas de Amenazas Naturales, editado por la Comunidad Andina, en el Perú hay 18,7 millones de habitantes (69% del total de la población) que viven expuestos a amenaza sísmica alta. Esto quiere decir, que ocupan regiones donde hay grandes posibilidades de que ocurra un fuerte terremoto. Y no solo están expuestas las personas: el 67% de nuestras carreteras sufre la misma amenaza, así como la totalidad de nuestros puertos marítimos, y el 72% de las líneas de transmisión eléctrica.

Todos sabemos que si nos agarra un terremoto de 8.9 grados, no habrá simulacro ni defensa civil que nos ampare. Nuestras construcciones siguen siendo precarias, y ni siquiera nuestros bomberos cuentan con un presupuesto digno que les permita movilizarse rápidamente en caso de emergencias. No hay nada que nos salve de una catástrofe y lo más grave del asunto, es que una vez más nuestros políticos no tienen propuestas serias al respecto.

¿No me creen? Pues lean los planes de gobierno de los candidatos a la presidencia. Salvo Pedro Pablo Kuczynski, que menciona la reestructuración de Defensa Civil como uno de los pilares de su gobierno, sin dar más detalles de cómo se hará este proceso, los otros candidatos ni siquiera le dedican a la prevención de desastres naturales un capítulo especial en sus propuestas. Tienen sugerencias aisladas como fortalecer edificaciones o implementar un sistema único de prevención, pero estas iniciativas están puestas así nomás, de pasada, sin que generen ningún entusiasmo por ser desarrolladas o implementadas seriamente.

Y mientras tanto en Japón la tierra sigue convulsionando. Y las réplicas no dejan dormir a los hombres, mujeres, niños y ancianos, que se aferran aterrados a sus almohadas, rogando por que su mundo deje de temblar. ¿Y nosotros? Acá, pues, seguimos mirando el horizonte. Sentados frente al mar. Como esperando que algún día nos llegue la ola.


Escrito por

Pedro Salinas

Escribe habitualmente los domingos en La República. En Twitter se hace llamar @chapatucombi. Y no le gustan los chanchos que vuelan.


Publicado en

La voz a ti debida

Un blog de Pedro Salinas.