El impredescible escenario electoral peruano

Publicado: 2011-04-12

Editorial de La Tercera de Chile.- TRAS CONOCERSE los resultados de la primera vuelta de las presidenciales peruanas, han quedado en competencia a los candidatos Ollanta Humala y Keiko Fujimori, quienes se enfrentarán en la ronda decisiva el próximo 5 de junio para decidir quién ocupará el gobierno durante el próximo quinquenio. Con su votación del domingo, el electorado peruano ha confirmado la alta volatilidad electoral que reina en el país vecino, así como el carácter cambiante de la voluntad popular, orientada más a personalidades y liderazgos carismáticos que a posicionamientos ideológicos y lealtades partidarias firmes.

Que dos candidatos que podrían ser calificados de populistas -aunque de distinto signo- hayan pasado a segunda vuelta (y que el que llegó tercero sea un político no tradicional), da cuenta de la insatisfacción que buena parte de los peruanos siente con la manera de hacer política que tiene lugar en su país y de que una porción relevante de la población no se siente parte del avance económico de los últimos años. Esto abre una serie de interrogantes acerca de la continuidad de largo plazo del modelo político y de desarrollo que viene siguiendo Perú.

Tal como ocurrió en 2006, Humala resultó ganador en primera vuelta. Pese a que ahora exhibe un discurso renovado y alega haber tomado distancia del chavismo, el abanderado del Partido Nacionalista Peruano sigue siendo una incógnita difícil de despejar. Con todo, el hecho de que haya alcanzado casi el 30% de los sufragios -una votación similar a la de hace cinco años en primera vuelta- sugiere que ha consolidado una base electoral estable, compuesta mayoritariamente por personas de bajos ingresos y habitantes del sur del país. En 2006, Humala no alcanzó la presidencia debido a que todas las restantes fuerzas políticas se unieron en torno a Alan García para la ronda del balotaje. De todas formas, atrajo el 47% de las preferencias. Ahora, en cambio, enfrentará a Keiko Fujimori, una figura que también muestra un rendimiento electoral estable en primera vuelta (alrededor del 22%) y cuya base de apoyo se ubica también entre los sectores más desposeídos. Todo esto, unido a que, por diversas razones, ambos candidatos despiertan resistencias fuertes que pueden dificultarles la constitución de alianzas y la entrega de apoyos por parte de terceros, convierte a la segunda vuelta en un enigma de difícil solución, más aún si se considera que restan casi dos meses para los comicios definitivos. Dada la enorme volatilidad que ha exhibido en esta campaña el electorado peruano, lo único que puede afirmarse con certeza es que a estas alturas el resultado final es imposible de predecir.

Para Chile, los comicios peruanos suponen en esta ocasión un interés especial, debido a que quien resulte electo deberá enfrentar, seguramente en 2012, el fallo sobre la demanda marítima interpuesta por Lima ante el Tribunal Internacional de La Haya y sus indudables efectos políticos y diplomáticos. En el pasado, Humala ha mostrado animosidad hacia Chile, y, pese a que ha moderado sus críticas durante esta campaña, no está claro si su nueva actitud obedece a un retroceso táctico o a un sincero cambio de opinión. En cambio, si puede considerarse la gestión de su padre como un indicador válido, Fujimori parece ofrecer más posibilidades de desarrollar vínculos estables con Chile.