Por qué votaré por Keiko

Publicado: 2011-05-30

Tomado de Perú21.- Columna de Jaime Bayly.- La señora Keiko Fujimori ha prometido que, si es elegida presidenta del Perú, respetará escrupulosamente las formas democráticas, no cerrará el Congreso ni cambiará la Constitución como abusivamente hizo su padre ahora en prisión, no introducirá una enmienda constitucional que permita la reelección inmediata en beneficio propio como abusivamente hizo su padre ahora en prisión, no permitirá violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas del orden, respetará la libertad de prensa y preservará una política económica basada en la creación de riqueza por parte de la empresa privada y en la asignación de los recursos según el libre mercado, política que inició su padre hace veinte años y que ha aliviado la pobreza de muchos peruanos en las últimas dos décadas.

El señor Ollanta Humala ha prometido, ante la Biblia y ante su Divina Providencia, el Altísimo Mario Vargas Llosa, que, si es elegido presidente del Perú, respetará escrupulosamente las formas democráticas, respetará la libertad de prensa, no estatizará ninguna empresa, no introducirá una enmienda constitucional que permita su propia reelección y continuará con la política económica de libre mercado y creación de la riqueza por parte de la empresa privada.

Es decir, Keiko Fujimori y Ollanta Humala han prometido exactamente lo mismo: Si gano, seré un demócrata cabal, me portaré bien, no incurriré en desmanes autoritarios ni perpetraré fechorías, no me haré reelegir y respetaré una política económica de libre mercado.

La pequeña diferencia es que Keiko Fujimori ha prometido todo eso y que todo eso precisamente está en su plan de gobierno. Ollanta Humala ha prometido todo eso, pero su plan de gobierno dice exactamente lo contrario de lo que ahora promete. Y con ese plan de gobierno estatista, autoritario, chavista, velasquista, confiscatorio, el señor Ollanta Humala se presentó a estas elecciones y pasó a la segunda vuelta.

Algunos eligen creer las promesas de Keiko. Otros eligen creer las de Humala. Pero quienes eligen creer las promesas de Humala deberían tener en cuenta que el plan de gobierno de Humala está grotescamente reñido con las promesas que ahora, para complacer a Vargas Llosa y ganar la elección, formula en abierta contradicción con su plan de gobierno estatista, confiscatorio, intervencionista y autoritario, calcado de los modelos argentinos y ecuatorianos y un poco también del venezolano.

Como votar por alguien basándonos únicamente en sus promesas parecería una decisión arbitraria y subjetiva, pues uno elige, prometiendo ambos lo mismo, que tal candidato no es confiable y el otro sí, me parece que tal vez es mejor votar por alguien basándonos no tanto en sus promesas sino en sus actos, en su conducta pública, en su hoja de vida. Cualquiera promete cualquier cosa con tal de ganar. Ya luego en el poder, raramente cumplen lo que han prometido. Por eso, una información más precisa para distinguir a un candidato de otro es evaluar su pasado, su biografía, las cosas que ha hecho a lo largo de su vida. Eso puede ayudar considerablemente a saber si es o no un demócrata, si cree de veras en una economía de libre mercado o si en el fondo (aunque ahora no lo dice) cree en una economía regulada por la abierta intervención del Estado como agente creador de la riqueza.

El pasado de la señora Keiko Fujimori revela que tuvo la mala suerte de que su padre diese un golpe de Estado cuando ella tenía apenas 16 años (por lo que, en justicia, no podríamos culparla de dicha arbitrariedad criminal), luego su padre la mandó a estudiar la universidad en los Estados Unidos porque en el Perú su vida corría peligro (y ella obedeció como casi cualquier hija en sus circunstancias hubiera obedecido a su padre), luego no cabe duda (al menos para mí) que los estudios de la señora Fujimori fueron pagados por dineros que su padre obtenía de los fondos reservados que manejaba a discreción el perverso señor Montesinos (delito del que son culpables los señores Fujimori y Montesinos, pero en ningún caso la entonces joven Keiko Fujimori, que no tenía por qué hacerle una auditoría a su padre para saber con qué fondos estaba pagándole la universidad, como ninguna joven haría con su padre) y que más adelante, ya graduada, tuvo la lucidez y el coraje de pedirle a su padre, no una sino muchas veces, que despidiera al bribón de Montesinos (consejo que su padre desoyó) y que se opuso públicamente a que su padre se presentase a la ilegal reelección del 2000, y que cuando su padre huyó vergonzosamente a Tokio, ella, Keiko Fujimori, en el peor momento de desgracia y vergüenza para su familia, se quedó en el Perú y dio la cara a la justicia. En resumen, podemos decir que la señora Keiko Fujimori tuvo la mala suerte de ser la hija de un dictador. Pero las tropelías y atrocidades que cometió su padre no son culpa de ella, y culparla es un acto de miseria moral que rebaja a quienes de ese modo pretenden mancharla. El pasado reciente de la señora Keiko Fujimori también revela algo lamentable, que por suerte corrigió a tiempo: Celebrando la noche del 10 de abril la buena votación que había obtenido, la señora Fujimori cometió el error de decir que la dictadura de su padre ha sido el mejor gobierno en la historia del Perú. Decir eso fue una barbaridad. Decir eso fue una afrenta a quienes creemos en la democracia, la paz y la legalidad. Por fortuna, y como es una persona de bien que sabe reconocer sus errores y disculparse por ellos, la señora Fujimori no tardó en pedir perdón por los crímenes que cometió su padre y en prometer que si ella gana la presidencia no incurrirá en los abusos y las ilegalidades que viciaron la autocracia de su padre. Nunca es tarde para pedir perdón.

El pasado del señor Ollanta Humala revela, por su parte, que en los años 1992 y 1993 fue jefe de una base militar en Tingo María y que, agazapado bajo el nombre de guerra de 'capitán Carlos’, secuestró y asesinó, él personalmente, a cerca de diez personas, según lo ha acusado la semana pasada, en este diario, uno de los miembros del Batallón 313 al mando de Ollanta Humala, el ex Sargento Segundo Gómez Reátegui, y según están dispuestos a acusarlo ante los tribunales de justicia los familiares de los pobladores de los caseríos cercanos a la base de Madre Mía a los que Ollanta Humala sacó a patadas de sus casas, ordenó que corriesen, les disparó por la espalda y arrojó luego sus cadáveres al río Huallaga. Es decir que el ex dictador Alberto Fujimori está condenado a pasar 25 años en la cárcel porque se presume que dio la orden para asesinar extrajudicialmente a los muertos en las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, pero Ollanta Humala hasta ahora, no se sabe cómo (se presume que pagando sobornos para que sus acusadores se retracten y cambien su versión original), ha conseguido salir airoso de los asesinatos extrajudiciales que él personalmente, haciéndose llamar el 'Capitán Carlos’, cometió en los caseríos cercanos a la base de Madre Mía los años 1992 y 1993.

El pasado de Ollanta Humala revela también que los años 2003 y 2004 sirvió al gobierno democrático de Alejandro Toledo como agregado militar en París y Seúl, al mismo tiempo que en el Perú permitía y alentaba que circulase un periódico con su nombre, “Ollanta”, que exigía el golpe contra el presidente Toledo y el fusilamiento de Toledo.

El pasado de Ollanta Humala revela también que, cuando su hermano Antauro y 150 reservistas tomaron por asalto la comisaría de Andahuaylas el 1 de enero de 2005, en un intento por dar un golpe militar que derribase al gobierno de Toledo, el señor Ollanta Humala, desde Seúl, aplaudió ese golpe antidemocrático, dijo que era “una acción viril”, y llamó “patriotas” a los golpistas que mataron a los policías Cahuana, Chávez, Rivera y Cerrón. Nunca el señor Ollanta Humala ha pedido perdón por apoyar el golpe de su hermano Antauro ni por llamar “patriotas” a los golpistas asesinos. Al contrario, cínicamente, ha dicho que él no sabía nada del golpe, que no tuvo “arte ni parte” en el golpe y que tampoco tuvo nada que ver con el pasquín “Ollanta”, que los años 2002, 2003 y 2004 pidió el golpe que finalmente se ejecutó a comienzos de 2005.

El pasado de Ollanta Humala revela, en resumen, que ha secuestrado, torturado y asesinado a civiles inocentes o sospechosos de terrorismo los años 1992 y 1993 (y por ello deberá rendir cuentas ante la justicia) y que ha aplaudido y festejado un golpe militar contra el presidente Toledo en 2005, llamando “patriotas” a los asesinos de cuatro policías.

Comparando sus biografías, Keiko Fujimori nunca ha matado a nadie ni ha conspirado para dar un golpe contra la democracia peruana. Ollanta Humala ha matado personalmente a varias personas cuando era el 'capitán Carlos’, ha llamado “patriotas” a los asesinos golpistas del 2005 y ha sido un activo conspirador contra la democracia que entonces presidía Alejandro Toledo, el mismo señor que ahora lo apoya “en defensa de la democracia”.

Yo elijo votar el domingo por Keiko Fujimori no basándome en sus promesas sino en su pasado. Entre un matón, un asesino y un golpista probado, y la hija de un dictador que ha perdido perdón por los crímenes de su padre, elijo votar por la hija del dictador que ha entrado en política para limpiar su apellido, pero que nunca ha torturado ni matado a nadie, como lo ha hecho su oponente, el señor Ollanta Humala, que tiene las manos manchadas de sangre y que algún día pagará ante la justicia (cuando deje de sobornar testigos) por los crímenes que cometió.