Elecciones con alzacuellos

Publicado: 2012-02-06

Tomado de Perú21.- Columna El ojo de Mordor, de Pedro Salinas.- Cuatro veces. Y consecutivas. Así se lo han restregado los medios en la cara. Cuatro veces. Y encima se postula, ya perdedor, para el segundo puesto, y algo increíble sucede: también pierde. Vaya. Ni Lourdes Flores ostenta tal título, valgan verdades. Y los medios, otra vez, se lo han recordado hasta encabritarlo. Cuatro veces, y ni siquiera llega placé. En fin. Está claro que Cipriani solamente es capaz de ganar elecciones a dedo, como la que le eligió cardenal. Porque con los mecanismos de la democracia, no le liga una. Y claro. Se le quedó congelada la frase aquella de al abordaje.

Ahora, obtuvo 21 votos contra 24 que logró Salvador Piñeiro, flamante presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), con dos abstenciones de por medio. Es decir, tan lejos no quedó, vamos. Pero ya saben, basta un voto para ganar una elección, y aquí se impusieron tres. Así es el fútbol, Juan Luis. O el básquet, si prefieres.

Lo que me causa gracia es que, algunos analistas señalan que venció el ala progresista de la iglesia, como si esa facción existiera. Lo que hay, en mi pequeña opinión, son intolerantes y blandengues. Porque a los realmente progresistas los expulsan. O los neutralizan. Y hace muy poco nomás, hasta los quemaban, que esa es otra. Miren si no, a Hans Küng, ese sí un progresista de polendas. Tratado como un vil hereje. Al punto que dicen que cuando Ratzinger escucha su nombre, desenfunda su Zippo. Aunque esto último no lo he confirmado.

Como sea. Lo cierto es que, el segundo vicepresidente de la CEP, para no ir tan lejos, es el conservador obispo de Arequipa, Javier del Río. Y en el área clave de Familia y Vida, la “renovada” CEP mantendrá al ultramontano obispo de Piura, José Antonio Eguren, conspicuo miembro de una organización que arrastra graves denuncias de abusos sexuales, y, paradójicamente, forma parte de ese conglomerado que el antropólogo Jaris Mujica ha denominado en su libro como “grupos pro-vida”, que están en contra de las políticas a favor de los derechos sexuales y reproductivos.

Salvador Piñeiro, el victorioso, es, dicho sea de paso, un viejo amigo y compañero de ruta del Sodalicio de Eguren, desde sus tiempos fundacionales y hasta la fecha, si acaso no lo sabían. Y si no lo han escuchado, hasta el propio Cipriani lo considera uno de los suyos, les cuento.

En el estilo, es cierto, hay diferencias notables. El cardenal es frontal e intolerante, de frases tajantes, fuma como Bogart en Casablanca, e impone sus ideas como quien se pide un trago en el bar de Moe, y de haber ganado habría aprovechado la oportunidad para latigarnos más de lo que ya lo ha hecho hasta ahora, que no es moco de pavo; mientras que Piñeiro, decía, es más modosito. Y diplomático. Y más suavecito, que también, pues proyecta la sensación que atraviesa el bosque como Caperucita para dejarle provisiones a la abuelita. Es, digamos, como la versión con clergyman y solideo de Mónica Zevallos. O algo así. Pero en términos de ideas, piensan lo mismo.

Por eso, no auguro mayores cambios, la verdad. La CEP, con Piñeiro a la cabeza, será más de lo mismo. Más de la misma tradición oscurantista y retrógrada de toda la vida. Es que, como decía Umbral, “a los curas, para qué vamos a engañarnos, les sienta bien el luto”.