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Entrevista en Ellos & Ellas

Publicado: 2013-10-24

Publicado en Ellos & Ellas. Este año, el escritor y periodista Pedro Salinas ha tenido una inusitada actividad periodística que, según él, lo ha sacado de su habitual rutina. Y es que después de una década ha vuelto a la cabina radial, vía Exitosa. A esto habría que sumar sus colaboraciones en el semanario ‘Hildebrandt en sus trece’ y en el diario La República, y la conducción de un programa por Internet a través de La Mula. Por si fuera poco, acaba de presentar su libro ‘Al diablo con Dios’, en el que habla del daño que causa el dogmatismo de la fe. Pedro, quien fuera miembro del Sodalicio de Vida Cristiana en su niñez, nos confiesa en esta entrevista que le prestó un lapicero a Joseph Ratzinger, antes que fuera Papa, para que escriba una carta que posteriormente arrojaría al pozo de Santa Rosa de Lima.


–¿Qué estás leyendo en estos momentos?

–‘Las cartas secretas de Benedicto XVI’, de Gianluigi Nuzzi; ‘Luz del mundo’, una entrevista que le hace Peter Seewald a Benedicto XVI; y ‘La voluntad de no saber’, de Alberto Athié, José Barba y Fernando González. Todo esto como parte de una investigación que estoy realizando sobre los casos de pederastia en el seno del Sodalicio.


–¿Cómo nació la idea de escribir ‘Al diablo con Dios’?

–En realidad, es un subproducto del trabajo indagatorio que estoy haciendo, y que todavía tiene para rato. Es, digamos, como un aperitivo de lo otro. O algo así.


–A propósito de ello, ¿prefieres estar con Dios o con el diablo?

–Nunca he estado con ninguno de los dos, la verdad. Pero claro, presumo que con el diablo se la debe pasar uno más entretenido, sin lugar a dudas.


–Eres uno de los periodistas que más veces ha sido expulsado de los medios. ¿A qué crees que se debe?

–A que soy un poco chúcaro, supongo. Y a que no tengo paciencia de santo. Aunque me he apaciguado un poco. Creo que ese karma comenzó en el colegio.


–¿Cuál es tu logro más importante a nivel profesional?

–No haber claudicado en los tiempos de Fujimori, creo. Fueron épocas jodidas para quienes queríamos hacer periodismo, ¿no?


–Un defecto, una virtud.

–Me da por procrastinar, y eso puede ser un verdadero problema cuando tienes otras responsabilidades. ¿Virtud? Soy empeñoso, y no tiro la toalla así nomás.


–¿En qué profesión no te hallarías nunca?

–Como limpiador de vidrios en rascacielos. Desde que me curé la miopía, me empezó una acrofobia fulminante.


–¿Cuál ha sido tu cambio de look más radical?

–Hace más de quince años usé tirantes. La gente pensaba que lo hacía por imitar a Larry King. La verdad era otra: estaba demasiado gordo entonces y los tirantes eran comodísimos.


–¿Cuál es el objeto que más tiempo lleva en tu mesa de noche?

–Un despertador y el pequeño Larousse Ilustrado.


–¿Qué ventajas tendría de ser del sexo opuesto?

–Descubrir dónde queda el ‘Punto G’.


–¿Cuál ha sido el papelón más grande de tu vida?

–No ha sido uno solo, lamentablemente. Todos ellos son impublicables.


–¿Cuál es tu sueño o pesadilla recurrente?

–Que a alguno de mis hijos le suceda algo. Eso, y soñar que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial.


–¿Qué costumbre debería quedar definitivamente en desuso?

–Votar cada cinco años por el mal menor.


–¿De qué huachafería has sido testigo últimamente?

–El racismo, además de ser una tara bien limeña, no deja de parecerme asquerosamente huachafo.


–¿Cuál ha sido tu gran travesura de infancia?

–De adolescente, con un amigo nos metimos a una casa de playa bien equipada, que no era nuestra, y organizamos un tonazo. No calculamos que al día siguiente llegarían los dueños. Y la policía.


–¿En cuál de los siete pecados capitales caíste últimamente?

–Quisiera decir que en la lujuria, pero la gula se impuso esta vez.


–¿Cuál es el mejor lugar para hacer el amor?

–Mi cama. Aunque hay hoteles que tienen buenas camas, como la mía.


–¿Qué noticia te impactó recientemente?

–Cada vez que el Papa Panchito da una entrevista, no deja de sorprenderme.


–¿Con quién te gustaría estar en una isla desierta?

–Con Mélanie Laurent. O con Evangeline Lilly. O con Cobie Smulders. Ahora, si se puede estar con las tres, pues con las tres. Ni modo.


–¿Conoces a alguna celebridad? Cuéntanos la anécdota.

–Conocí a Ratzinger cuando vino al Perú a “cuadrar” al cura Gustavo Gutiérrez. Yo le presté mi lapicero para que escribiera un deseo en un papel antes de arrojarlo al pozo de Santa Rosa. Eso sí, no puedo asegurar que escribiera: “Quisiera ser el próximo Papa”.


–¿En qué o quién te reencarnarías?

–En uno de mis nietos.


–En el día del juicio final, ¿irías al paraíso, al purgatorio, o al infierno?

–¡Ja! Eso no existe.


–Si te quedara un día de vida, ¿qué harías?

–Abrazar a mis hijos el día entero.


–¿Qué es lo más loco que has hecho por amor?

–Casarme, ¿no?


Escrito por

Pedro Salinas

Escribe habitualmente los domingos en La República. En Twitter se hace llamar @chapatucombi. Y no le gustan los chanchos que vuelan.


Publicado en

La voz a ti debida

Un blog de Pedro Salinas.