Ahora le han puesto la puntería a Basombrío. Es el siguiente en la lista del fujimorismo, cuyo principal deporte es el de la censura. El de aprovechar su mayoría sólida congresal para abusar de su poder contra un gobierno totalmente debilitado.

 

¿Qué hará PPK en esta ocasión? ¿Lo mismo que con Saavedra? ¿Fugar hacia delante como hizo luego de la salida de Vizcarra? La arremetida de la mototaxi naranja viene con todo. Y ya es hora de que este Poder Ejecutivo desgastado le pare los machos a esta gente. Por un mínimo de dignidad, digo. Le toca hacer cuestión de confianza, es decir. ¿Qué puede pasar? ¿Perder al gabinete? Bueno. Que muera en su ley. Pero luego tendría un consejo de ministros más consolidado. Eso sí. Quedó demostrado que los tecnócratas no funcionan a la hora de hacer política. Ergo, debe cambiar el perfil.

 

El fujimorismo no quiere que este gobierno tenga éxito. Piensa que si PPK fracasa, ellos pescarán a río revuelto. El país les importa un carajo. Solo quieren regresar al poder. Como sea. A la mala. Usando la fuerza que tienen. La ambición es lo que los domina. En consecuencia, el apocamiento no es la salida en esta oportunidad. De seguir optando por la solución amistosa y antibélica, esto seguirá deteriorándose en cámara lenta.

 

La cosa está complicada, señores del gobierno.Tienen que abrir el abanico y echar cable a tierra. Tienen que buscar operadores políticos, o sea. Y a los tecnócratas ubicarlos en la segunda línea.Tienen que ser audaces. Y proactivos. De lo contrario, van a hacer agua más pronto que tarde. Y los tiburones anaranjados se los van a almorzar.

 

¿No se aburren de estar contra las cuerdas todo el tiempo? Porque a ver. Esto no se va a detener. El fujimorismo va a seguir golpeando. Una y otra vez. Hasta ver a PPK en la lona, con el ojo amoratado y sangrando.

 

Como dijo Fernando Rospigliosi en una entrevista con Mariella Balbi, en Perú21, “el gobierno debió identificar esto desde el primer día. Sabían que tenían una mayoría opositora que no era suave (…) La cosa empeorará cuando la popularidad del gobierno baje, la mayoría parlamentaria se sentirá con más poder para seguir golpeando (…) Está claro que el presidente no tiene mucho liderazgo. No es un político curtido, otras son sus cualidades. Debió complementarse con gente distinta a él. Es otra de las fuentes de sus problemas”. Eso.