O, si prefieren, La noche caerá. Así se titula el descarnado documental que vi hace varios meses, y que logró estrujarme el corazón desde sus primeros minutos. Se trata de una película en blanco y negro, de 1945, que recién vio la luz en el 2015. Night will fall, producido por Brett Ratner y dirigido por André Singer, es a su vez la historia de otro documental: German Concentration Camps Factual Survey, una película supervisada (más que dirigida) por Alfred Hitchcock.  

De arranque, una voz femenina, que es la de la actriz Helena Bonham Carter, nos indica que los tres ejércitos aliados (británicos, soviéticos y estadounidenses) comienzan su avance final hacia Berlín. Entre sus filas había soldados que habían sido entrenados como camarógrafos. Las cámaras que cargan son enormes y bastante pesadas. En comparación a las que existen hoy, claro. Y que nada tienen que ver con una QPro. Estamos hablando, ya se imaginarán, de cámaras a las que cada cierto tiempo hay que insuflarles vida dándole vueltas a una manivela.

Pues nada. Estos ingleses, rusos y norteamericanos, mitad camarógrafos, mitad soldados, tenían la misión de registrar todo, pues la idea era producir una gran película, la cual iba a ser producida por Sidney Bernstein e iba a contar con la participación del maestro del suspense, la cual se llamaría Los Hechos de los Campos de Concentración Alemanes, o algo así. Pero la peli fue abandonada, inexplicablemente, y quedó sin terminar. Hasta hace apenas dos años, casi setenta años después.

Las escenas más impactantes son de la primavera de 1945, cuando los aliados avanzaron hacia el corazón de la Alemania nazi, hasta arribar al campo de Bergen-Belsen. A lo largo del recorrido pueden apreciarse huertos ordenados, granjas bien abastecidas y hermosas. Hasta que, de súbito, un olor asfixiante y desagradable les sorprende. “Así fue hasta que llegó el amanecer, y entonces pudimos ver de dónde venía la peste”, comenta un testigo a quien se le empañan los ojos al traer al presente ese recuerdo.

Y luego aparecen las imágenes de una mujer con la piel pegada al hueso, tomando firmemente la mano de un soldado británico para luego poner su frente en ella, y a la par llorar desconsoladamente. La escena es desgarradora.

“Es muy difícil de describir”, dice Anita Lasker-Wallfish, superviviente del Holocausto. Por su parte, uno de los soldados que estuvo allí, comenta: “No sabíamos lo que íbamos a encontrar…”. De pronto, pide disculpas, e irrumpe en un llanto incontenible. “Es demasiado doloroso”, añade con la voz temblorosa y los labios que le temblequean.

Lo que se aprecia en pantalla es dantesco. No parece real. Cuerpos amontonados. Cuerpos desparramados. Cuerpos desnudos. Cuerpos con trajes rayados. Cuerpos que han sido torturados. Cuerpos arrojados a hoyos. Cuerpos fantasmales. Cuerpos apilados en pilas retorcidas. Cuerpos. Cuerpos. Y más cuerpos. El acercamiento a la cara de los cadáveres los muestra con la boca abierta, sin dientes.

“Había un olor a muerte en todas partes. Había fosas conteniendo cuerpos de personas, tan amplias como canchas de tenis”, describe otro de los camarógrafos. “Veías a estas personas muertas… ¡que caminaban! Pero estaban muertas, con los ojos vidriosos, la desesperación, el olor terrible, la atmósfera de depresión, como que el fin había llegado”, apunta un sargento británico.

Quise escribir sobre esto porque hace un par de semanas estuve en la presentación de From Ashes to Naches, de Fred Reich con la colaboración de José Antonio Salas, y ese día las imborrables y desoladoras imágenes de Night will fall volvieron a mi mente como si fuesen rayos. Fred es descendiente de sobrevivientes del horror nazi. Su padre es uno de los testimonios que escucha Steven Spielberg para la realización de La Lista de Schindler.

Y su libro, que vio la luz en la residencia del embajador de Austria, en San Isidro, es un relato estremecedor. Que aborda la historia de su familia, que es una historia de dolor y de momentos atroces, pero a la vez de mucha esperanza y de admirable resiliencia. Ahí fue cuando evoqué también la frase que inspira el título de la película: “A menos que el mundo aprenda la lección que estas imágenes enseñan, la noche caerá”.