no le saca la vuelta a la ley

El día que habló la agente Zanatta

Publicado: 2017-09-12

En marzo de 1998, la entonces reportera Mariella Patriau, del programa televisivo Hildebrandt en vivo, de Canal 13, publicó un revelador e impactante informe sobre la agente Luisa Zanatta Muedas. Zanatta había trabajado como “operativa”, en 1993, y como “escucha”, en 1994, en el departamento de Operaciones Especiales del SIE. Fue la primera mujer adiestrada por israelíes en las labores de espionaje telefónico. Zanatta era, además, muy amiga de Mariela Barreto, quien habría sido la persona que le proporcionó la ubicación de los cadáveres de los estudiantes y el profesor de la universidad de La Cantuta a los periodistas José Arrieta y Edmundo Cruz, de la revista . Según Zanatta, esto lo hizo a través de una tercera persona.   

Ello le habría costado la vida a Barreto, pues un año atrás, en 1997, fue asesinada. Una de las últimas personas con las que Barreto conversó, antes de desaparecer, fue Luisa Zanatta. El cuerpo de Barreto fue totalmente destazado. Mariella Barreto Riofano fue encontrada decapitada y mutilada en marzo de 1997 en la carretera hacia Canta. Y en esta línea de denuncias, Zanatta relató en la televisión otras tenebrosas historias que acusaban un poder oculto y siniestro, que actuaba a través del asesor Vladimiro Montesinos con la venia de Alberto Fujimori.

Pero claro. Ya adivinarán. Al fujimorismo le importó un bledo la denuncia. El entonces ministro de Defensa, César Saucedo, sin haber visto siquiera el reportaje de Patriau, descartó de plano los señalamientos de la agente Zanatta. Los calificó de “inventos” y “patrañas”.

Para Saucedo, en el Perú de Fujimori nunca se habían violado los derechos humanos ni se habían interferido los teléfonos para espiar a la oposición política. Y, no faltaba más, el Grupo Colina era un cuento. Una leyenda negra. Una fábula creada para desacreditar a Fujimori. En opinión del ministro, la denuncia periodística formaba parte de una “campaña de desprestigio”. Tal cual.

Por su parte, la congresista Martha Chávez, quien había presidido la comisión investigadora sobre el chuponeo telefónico dio una entrevista a El Comercio el 18 de marzo de ese año 98. “No le doy ningún mérito”, dijo. “Ella (en alusión a Zanatta) quiere tener una visa de residente (en los Estados Unidos, desde donde concedió ser entrevistada por Patriau) y por eso qué mejor que presentarse como una perseguida política”.

La versión de la agente Luisa Zanatta confirmaba las confidencias de Leonor La Rosa, otra agente del SIN, y ratificaba las conjeturas en torno al espionaje telefónico, las cruentas actividades del Grupo Colina y el turbio rol de Montesinos como el martillo de Alberto Fujimori, cuya mayor ambición era seguir entornillado al poder.

Al final, recordarán los memoriosos, Martha Chávez y compañía nunca encontraron responsables en el escandaloso caso del espionaje telefónico, que destapó la periodista Rosana Cueva, en el canal de Baruch Ivcher. Y el bloque fujimorista siguió con la pantomima para seguir encubriendo las atrocidades cometidas por Fujimori y Montesinos.


Escrito por

Pedro Salinas

Escribe habitualmente los domingos en La República. En Twitter se hace llamar @chapatucombi. Y no le gustan los chanchos que vuelan.


Publicado en

La voz a ti debida

Un blog de Pedro Salinas.