La salida de Pablo de la Flor, director ejecutivo de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC), es una de esas cosas que solo pasan en el Perú. Por absurdas. Por surreales. Por mezquinas. Por ilógicas. Por inadmisibles. Por desatinadas. Por cagonas.

A ver. Vamos al grano. Y el grano es que por decir las cosas como son, el gobierno le bajó el dedo. Para más señas, fue la premier Mercedes Aráoz quien gatilló este escenario de naufragio. “El principal obstáculo son las capacidades instaladas en los gobiernos regionales y locales que supuestamente iban a ser los socios de la reconstrucción”, dijo De la Flor en El Comercio. Y añadió: “No podemos permitirnos volver a perder cinco meses porque un gobierno regional no está en la capacidad siquiera de organizar un concurso básico para una infraestructura tan elemental como la rehabilitación de pistas”.

 

¿Qué sucedió a continuación? Algunos gobernadores regionales se erizaron. Humberto Acuña Peralta, por ejemplo, el gobernador de Lambayeque y presidente de la Mancomunidad Nororiente del Perú, saltó hasta el techo e hizo cuestión de Estado. “Pablo de la Flor no puede culparnos a los gobiernos regionales de incapaces”.

 Reynaldo Hilbck, gobernador regional de Piura, lo corrobora hoy en Perú21: “Sus lamentables declaraciones respecto a que los gobiernos regionales eran incapaces produjeron la presión de los gobernadores de la Mancomunidad Nororiental para que el gobierno cambiara al director de la ARCC”. Pero más adelante agrega lo obvio: “Su salida no es la solución para acelerar la reconstrucción. Se requiere cambiar el sistema de contrataciones y procedimientos que tiene el Estado para agilizar las inversiones y reconstruir más rápido. No es la persona, es el sistema”.

Y si quieren empaparse más sobre el tema, pues lean el editorial de El Comercio de hoy, que ilustra el caso con más ejemplos de incompetencia institucional, que ralentizan las decisiones que puedan adoptarse para enfrentar las consecuencias nefastas del Niño Costero.

 Pero no. El gobierno no ve eso. Y algunas autoridades regionales, tampoco. Porque son ciegas, miopes y obcecadas. ¿Qué es lo que deciden entonces? Entregar la cabeza de De la Flor en una bandeja de plata. Pero como un distintivo en Pablo de la Flor es la decencia, este prefiere salirse de la cochinada y de la politiquería, y renuncia, saliendo, como él mismo dice, con la frente en alto.

 Y en su muro de Facebook escribe: “Breve resumen de lo alcanzado los 5 meses más intensos de mi vida laboral: plan de inversión de S/26 mil millones con más de 10,000 proyectos priorizados, S/1,000 millones en iniciativas que ya se están ejecutando, otros S/200 millones transferidos en octubre para implementar inmediatamente, S/500 millones en obras por impuestos ya aprobados con estudios iniciados, y S/2,100 en proyectos listos y que se transferirán antes de fin de año para 380 colegios, 4 hospitales y 56 sistemas de agua y saneamiento. Además, dejo una propuesta para transformar la ARCC en una entidad ejecutora y darle más celeridad a los Ministerios a través la tercerización de servicios. Cierto, siempre se puede hacer más...”.

 Sí, siempre se puede hacer más. Pero para que ello ocurra, eso depende del ejecutivo que pongan al mando. Y la decisión de escoger a alguien del perfil de Pablo de la Flor ha sido, probablemente, una de las pocas decisiones acertadas en lo que va la gestión dePPK. Y miren. Así lo tratan.

 En fin. Resulta muy reveladora esta salida que muestra, una vez más, lo obvio. Que este gobierno no tiene brújula, ni norte, ni idea de qué hacer. Ni gente capacitada para llevarnos a buen puerto. Y la que consiguen, no saben conservarla. Realmente, estamos jodidos.