Estimado Papa Francisco,

Muchos peruanos estamos insatisfechos con la manera en que está llevando los casos de abusos por religiosos en nuestro país. ¿Por qué no envía a alguien competente como el Arzobispo Charles Scicluna para calmar el dolor y la rabia de las víctimas y la incertidumbre de sus fieles?

¿Cuál sería la razón para no levantar el peso de esta olla a presión que tanto nos asfixia? ¿Será que, como ocurrió en Chile, también desde el Perú le envían informes ya dorados?  Sin duda, la rápida y certera lección que usted dio en Chile elevó nuestras expectativas. Nos ilusionamos pensando que también aquí seriamos escuchados y que los abusadores y los encubridores fuesen castigados. Pero no, no sucedió y no vemos hasta ahora ninguna acción de la Iglesia que lleve oídos y justicia a las víctimas.

Han transcurrido siete penosos años desde que presenté mi denuncia contra Luis Fernando Figari, uno de los fundadores del Sodalicio, casi eterno Superior General y designado transmisor del "carisma". Entregué mi denuncia personalmente al Vicario Judicial de Lima y, a pesar de constar todos mis datos, hasta el momento no he sido contactado. No he recibido ni una palabra del hostil Arzobispo Cipriani, ni del discreto monseñor Urcey, a quien “se le confió la tarea de verificar la autenticidad real de todas las acusaciones” como reza la carta del Dicasterio CIVCSVA del 30 de enero de 2017. Carta que, si es leída detenidamente, deja muy en claro que mi denuncia fue manipulada. ¿Alterar mi denuncia no es un grave delito de encubrimiento? ¿Puede la Iglesia ser justa si ninguno de sus miembros ha conversado conmigo (a pesar de que la carta afirme lo contrario)?

Le ruego que no espere a que la válvula –de esta olla que está por explotar– falle, nuevamente.

Me despido con tres pedidos: Escuche a las víctimas, lo más directamente que le sea posible, a través de personas de su probada confianza. Necesitamos de un canal para que las denuncias lleguen claras a manos limpias y fuertes.

Segundo, cree una escuela donde profesores del calibre del Arzobispo Scicluna enseñen como auxiliar a quienes hemos sido dañados, tengan el poder de señalar a los culpables y habilidad para desenmascarar a quienes los han ocultado. Una suerte de Academia SWAT de eficaz y rápido rescate de víctimas de abusos por parte de sus pastores.

Tercero, actualice el Código de Derecho Canónico, en especial lo que atañe a los delitos de pedofilia. No es posible que aún se llame “cómplices” a los sobrevivientes o que se considere como atenuante que el agresor realice su delito sin violencia, como en la citada carta, o que la víctima tenga 16 años (can. 1395 §2). Estos delitos no pueden ser llamados más como “pecados reprobables” o “actos contra el VI Mandamiento”. Son crímenes


"Santiago" (*)

(*) Principal denunciante de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalitium Christianae Vitae en la investigación periodística Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015), realizada por Pedro Salinas con la colaboración de Paola Ugaz.