¿Si es progre es bueno? ¿En serio? ¿Por ser anticapitalista y ambientalista y jesuita y tener mejores modales que Juan Luis Cipriani lo convierte de súbito en alguien superior al religioso del Opus Dei? Porque a ver. Hasta la fecha, lo único que vengo escuchando son endiosamientos y loas en torno al arzobispo de Huancayo, y flamante cardenal, Pedro Barreto. Lo peor es que los oigo con la misma entonación reverencial que tendría Luis Galarreta hacia su purpurado favorito.

Me esfuerzo por comprender el fenómeno, créanme. Pero ya adivinarán. Para mí la regla con la que deben ser medidas las autoridades de la iglesia es la misma que ha usado el papa Francisco en Chile. Y tiene que ver con la sindéresis de estos “príncipes de la iglesia” ante los abusos sexuales y de poder contra menores perpetrados por clérigos católicos.

En cuanto al primero, Cipriani, la cosa está reclara. Su trayectoria podría resumirse en tres palabras: arrogancia, indolencia y fujimorismo. Y se puede decir más de él, obvio. Que representa la faceta más carca de la sociedad peruana. Que le gusta intervenir en política e imponer sus ideas conservadoras con una prepotencia descarada.  Que su ética se relaja a la hora de plagiar textos (por eso, evocarán los memoriosos, Fernando Berckemeyer lo eyectó de las páginas de El Comercio). Que le jode el Lugar de la Memoria. Que es homofóbico. Y si quieren más detalles, pues ahí está el ilustrativo librito de Luis Pásara y Carlos M. Indacochea.

O como lo resumió Mario Vargas Llosa en una columna premonitoria del 2002: “Juan Luis Cipriani no pasará a la historia por su vuelo intelectual, del que, a juzgar por sus sermones, está un tanto desprovisto, ni por su tacto, del que adolece por completo, sino por haber sido el primer religioso del Opus Dei en obtener el capelo cardenalicio, y por su complicidad con la dictadura de Montesinos y Fujimori, a la que apoyó de una manera que sonroja a buen número de católicos peruanos, que fueron sus víctimas y la combatieron”.

Y en el Caso Sodalicio, qué quieren que les diga. En el Caso Sodalicio, recordarán su actuación. Casi ni se involucró. ¿Y Barreto? ¿Qué ha dicho o qué ha hecho Barreto sobre este asunto? La verdad es que, poco o nada todavía. Sus primeras declaraciones a propósito del tópico fueron para anunciar que se venía una “sentencia dura” contra Luis Fernando Figari. Y no hubo tal cosa. Y no la hubo porque la sentencia contra el fundador del Sodalicio ya se dictó en enero del 2017, y ella no ha variado. Pues la “condena” vaticana sigue siendo benigna, como hasta el momento han sido todas las “sanciones” contra los pederastas de la iglesia. Igual confieso que me sorprendió su ligereza y artificialidad para comentar sobre un caso que, aparentemente, no conoce. O quizás no le interesa mucho, que esa es otra.

Más todavía. Horas antes de ser nombrado cardenal, el periodista Andrés Beltramo, de La Stampa, le preguntó a boca de jarro: “Hace pocos días usted habló con el Papa, ¿tocó el tema de la herida abierta para el Perú que significan los abusos del fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari?”. Y Barreto respondió: “No puedo revelar lo que hemos conversado. Lo que sí puedo decir es que la Iglesia en el Perú, como la Iglesia en Chile, en Australia o Estados Unidos, se está convirtiendo en lo que Dios quiere: transparencia y tolerancia cero frente a cualquier signo de corrupción, llámese sexual, económico o de cualquier tipo”.

Pura demagogia, es decir. Porque si eso fuera cierto, ¿por qué en el Perú no se están materializando medidas concretas para reabrir y zanjar el Caso Sodalicio, que, como anota Beltramo, sigue siendo una “herida abierta”? ¿Por qué permiten que los encubridores y apañadores de Figari sigan cobijados en calidad de intocables por la cuestionada organización? ¿Es que no es algo obvio que el Caso Figari es apenas la punta del iceberg?

Si me preguntan, creo que monseñor Barreto está en “Modo Negacionista”. Como lo están todavía no pocos obispos chilenos. “Este problema (el de la pedofilia) no es solo de la Iglesia o del Sodalicio, es de las familias, de la sociedad y en esto los comunicadores deberían asumir la responsabilidad de no achacar solo a la Iglesia esta plaga”, le dijo a Beltramo.

¿Ya ven a lo que me refiero? Con estas declaraciones de estrella de celofán, Barreto no hace sino enmascarar el cáncer. “La pederastia es un problema de la sociedad peruana”, es la divisa del pastor ciego y tozudo en plan Cipriani. Entonces, ¿de qué “nuevos vientos eclesiales” me hablan? 


TOMADO DE LA REPÚBLICA, 8/7/2018