Rafi Eitan , agente del Mossad, lideró el comando que secuestró a Adolf Eichmann cerca de su casa de Buenos Aires, el 11 de mayo de 1960. Su ayudante principal en esta aventura fue Avraham Shalom. Al secuestro del famoso fugitivo nazi se le bautizó simplemente Operación Eichmann.

 

Eichmann vivía entonces en la calle Chacabuco 4261, en Olivos, un barrio de Buenos Aires. Se trataba de una zona pobre, donde las pistas ni siquiera estaban asfaltadas. El propietario de la casa en la calle Chacabuco era un austriaco llamado Francisco Schmidt, el cual tenía dos departamentos independientes. Uno lo tenía un tipo llamado Dagoto, y el otro lo habitaba un tal Ricardo Klement.

 

Los detalles de la captura son narrados, les cuento, en una nueva película estrenada recientemente en Netflix. Operación Final, es el nombre del filme protagonizado por el actor británico Ben Kingsley, quien interpreta al criminal nazi, y el actor israelí Lior Raz, creador y protagonista de la espectacular serie Fauda.

 

En esta película se narra la forma en que Eichmann es descubierto por un ciego. Pero claro. Era tan inverosímil la historia que al Mossad le tomó dos años creer en la versión del invidente. Fue en ese momento, cuando se confirma el dato, que el propio primer ministro Ben-Gurión interviene y le transmite a la gente del Mossad que, si la información resultaba veraz, quería que trajeran a Eichmann a Israel para juzgarlo allí. Ben-Gurión creía que un juicio así “supondría un éxito de consecuencias morales e históricas incalculables”, se lee en el libro Cazadores de Nazis, de Andrew Nagorski.

 

En el libro de Nagorski se detalla todo. “Que Vera Eichmann (la esposa del nazi) utilizara su nombre real en el registro de la propiedad ya indicaba que la familia se estaba relajando en sus precauciones, pero ese no sería su único desliz. Wiesenthal, que seguía monitorizando los movimientos del resto de la familia Eichmann en Austria, también había reunido pruebas concluyentes de que la supuesta viuda estaba viviendo con su tristemente famoso y fugitivo marido”.

 

El dilema era el siguiente: una vez capturado, ¿cómo sacar a Eichmann de Argentina? Lo ideal era llevárselo en un avión. “El problema es que El Al, la aerolínea israelí, no ofrecía por entonces vuelos directos a Argentina, así que necesitaban encontrar un pretexto que justificara el envío extraordinario de un avión. Dio la casualidad de que Argentina estaba preparando las celebraciones del 150 aniversario de su independencia para finales de mayo y los representantes israelíes estaban invitados”. El plan B era sacarlo por mar.

 

Instalado el equipo del Mossad en Argentina, iniciaron el seguimiento. “Lo observaban mientras paseaba cada mañana hasta la parada del autobús camino de una fábrica de Mercedes, para volver después en la misma línea y bajarse en la parada que quedaba justo en la esquina con su calle. Todas las noches llegaba a la misma hora. Desde ahí, Eichmann tenía un corto paseo hasta su casa”.

 

Peter Malkin, uno de los miembros más fuertes del equipo, fue el elegido para interceptar y sujetar primero a Eichmann. La idea era que, si por cualquier razón la operación salía mal, debían matar al nazi en el acto. “La manera más fácil de matar a alguien con tus propias manos es romperle el cuello”, dijo uno de los miembros del comando.

 

Si les descubrían, la consigna era admitir que eran israelíes pero que habían planeado esta acción por iniciativa propia. No podían confesar bajo ningún concepto que se trataba de una acción oficial.

 

El día destinado al secuestro, ocurrió un imprevisto. Eichmann siempre seguía una misma rutina, pero justo esa noche no se bajó del bus que esperaban los israelíes. A las ocho aun no había llegado, hasta que varios minutos después, Eichmann apareció caminando en medio de la oscuridad. “Un momentito, señor”, le dijo Malkin, utilizando la expresión en español que había practicado durante semanas. Eichmann se detuvo de golpe, y Malkin se abalanzó sobre él. Ambos cayeron en una zanja. Eichmann comenzó a gritar. La operación ensayada al milímetro y hasta la extenuación se convirtió de súbito en un caos absoluto. Hasta que retomaron el control y lo metieron al auto. “Como te muevas lo más mínimo, te disparo”, le dijo uno de ellos en alemán.

 

Una vez en la casa preparada para mantener a Eichmann, el doctor elegido para la misión (que no era una mujer de las características de Melanie Laurent, como se aprecia en la película de Netflix) lo primero que hizo fue comprobar si llevaba el tatuaje que los oficiales de la SS se grababan bajo la axila izquierda para indicar su grupo sanguíneo. En su lugar, Eichmann solo tenía una pequeña cicatriz, que después reconocería que se hizo con un cigarrillo para quemar el tatuaje característico de los SS.

 

El agente Zvi Aharoni fue el encargado de interrogarlo. Eichmann se derrumbó mucho antes de lo esperado. Cuando Aharoni le preguntó por su nombre, contestó: “Ricardo Klement”. Pero cuando le preguntó por su altura, talla de ropa, número de zapatos, todo encajaba con el informe que tenía el Mossad. Luego, Aharoni le preguntó su número de miembro del partido nazi, y Eichmann se lo dio correctamente. Lo mismo hizo con su número de la SS. También confesó su lugar y fecha de nacimiento: 19 de marzo de 1906 en Solingen, Alemania. Y cuando le preguntó: “¿Qué nombre le pusieron al nacer?”, respondió: “Adolf Eichmann”.